Sunday, January 8, 2012

Capítulo 4, escrito por Jerycz

Capitulo 4
Escrito por: Jerycz

Caminando con paso rápido, subió de dos en dos las escaleras del gran edificio plateado donde residía la central de policía.

Como siempre Elisa traía amarrada a la cabeza una pañoleta junto a unos lentes grandes de sol aún cuando el cielo estuviese a punto de cerrarse, y una gabardina clara que ocultaba a la vista de todos su figura.

Nada más llegar al piso 9, un hombre joven, de expresión amable y risueña, se acercó deteniendo su carrera.

- Buenos días Elisa – dijo Jesse con su usual sonrisa mientras le extendía una taza de café.

- Hola… – respondió ella sacándose a medias la pañoleta dejando al descubierto un cabello largo y castaño, y resoplando se saca las gafas y toma lo que este le ofrece bebiendo unos sorbos de su contenido mientras susurraba – gracias.

- De nada… - respondiendo este y haciendo un ademán de que la siga, caminan juntos por un costado – anoche te llame… ¿dónde estabas?

- Pues… - suspirando profundamente antes de contestar, Elisa observó de reojo a Jesse. A pesar de quererlo a muerte como al mejor amigo que una chica pudiera tener, a veces o muchas la verdad, no entendía su afición por ir a observar las estrellas. Ayer había sido noche clara y era perfecta para apreciar el matizado que el cielo le ofrecía. Por ello prefirió mentir – fui a ver a mi madre.

- ¿Hasta las 2 de la mañana? – preguntó este incrédulo.

- Teníamos mucho de qué hablar… no nos veíamos desde hacía un mes.

- Creo… - el hombre movió las cejas en señal dubitativa – que me estas mintiendo Elisa.

- No tengo por qué hacerlo… - expresó ella haciendo un respingo, y mordiéndose la lengua para mitigar el ligero temblor que estremecía su boca cada que mentía, extendió aún más su sonrisa – además, hablamos de ti y de Suset.

- ¿De mí y de Suset? – inquirió este.

- Así es… - y al apreciar el leve rubor de sus mejillas, Elisa continúo triunfante – mamá dice que Suset pasa a verla cada semana con un hombre alto y muy amable… un tal Paul…

- Brown… - señaló Jesse abruptamente poniendo mala cara – su nuevo compañero… ya lo conoces, ese que llegó de la academia.

- No estoy muy segura… - inquirió Elisa con chanza mientras hacía grandes visajes - ¿será uno de cabello rubio y muy guapo?

- Claro… - respondió este moviendo al cabeza mientras le daba un ligero un empujón en el hombro – ese mismo.

- ¡No seas niño! – exclamó Elisa tocándose el hombro, y con voz más suave, expresó – además, creo que a Suset todavía le importas.

Deteniendo su marcha, Jesse se mordió un labio y miró al suelo.

Elisa, moviendo levemente la cabeza, detuvo su marcha y sólo lo observó.

Así era él.

Cada vez que tocaba una fibra sensible de su amigo, este tendía a frenar.

Sólo eso.

Por ello, Jesse no había podido encajar en el cuerpo de la policía encubierto.

Tendía a guardarse muchas cosas. Lo que no le parecía hacía como que no existía.

Quizás aquello hubiera hecho mella en el matrimonio con Suset.

- ¡Hasta que los encuentro!

La voz autoritaria de John Koleman hizo que Elisa y Jesse alzaran los rostros haciendo un respingo.

- Washington, la teniente Smith está pidiendo los informes de la tal venta de estupefacientes en la zona norte, cerca de una escuela básica. Dice Robinson que los hiciste tú.

- Sí… - respondió este que, con ademán presuroso, se encamino hacia un costado del corredor.

- Howard… ven a mi oficina.

Sin decir media palabra, la mujer acompañó a su jefe.

Nada más entrar, este le mostró el asiento y la observó con detención.

Desde que había entrado al cuerpo siempre le había parecido intimidante el color verdoso de los ojos del capitán Koleman, y es que cuando tenía esa expresión en la mirada estaba segura que algún asunto difícil tenía entre manos.

- Sé que mucho en el cuerpo piensan que soy un hombre seco, difícil, que gusta hacer las cosas solo… - Elisa tosió a lo que John esbozo una leve sonrisa – eso no es para mí ningún misterio… - y con la mirada insistente, clavó su pupila verde en los ojos oscuros y calmos de la mujer - pero así como tú, Howard, en mi día también tuve un amigo… un buen amigo… se llamaba Harold Richmond.

Elisa parpadeó al notar la expresión algo afectada de su jefe.

- Ambos éramos inseparables… estuvimos juntos en la academia… compartimos nuestros primeros casos y nos ayudábamos mucho… lamentablemente tuvo un problema en el corazón y debió dejar el cuerpo… - respirando hondo, Koleman resopló observando fijamente a Elisa – su hijo Tom también estuvo al servicio del cuerpo… se retiró antes que tú ingresarás… era un buen agente. Muy capaz y astuto. Desafortunadamente, la mafia lo sigue. Quiere cobrarse una deuda con él.

- ¿Qué clase de deuda? – preguntó Elisa alzando una ceja.

- Una deuda de vida… - indicó Koleman con voz gélida – Tom mató al hijo del líder de la banda.

- Quizás todavía este a tiempo de desaparecer…

- Ya no… - la interrumpió Koleman – esos mafiosos dieron con el paradero de Tom.

Tragando saliva con el temor a preguntar, Elisa sólo se limitó a contemplar el rostro circunspecto de su jefe.

- Quiero que protejas Tom Richmond, Howard – expresó Koleman con un tono inflexible.

- Sí, señor… – respondió ella con ademán sumiso, para luego al incorporarse antes que el capitán le entregará el sobre con los datos necesarios, señaló con decisión – con la condición que este será mi último caso como agente encubierto.

Aunque el mundo se viniera abajo, esta era la ocasión que necesitaba para poder salir del encierro que ella misma se había autoconfinado.

- ¿Qué dices? – inquirió Koleman arrugando el ceño con la impresión de haber escuchado mal.

- Lo que dije, señor… - reiteró Elisa haciendo acopio de su propio valor con la mirada pegada en la ventana que resplandecía sobre el rostro del hombre – quiero volver a ser agente de campo.

- ¿Estás segura de lo que estás diciendo, Howard?

Aún cuando no debería extrañarle, John sabía perfectamente el tipo de vida que llevaba Elisa. Él mismo había sido un agente encubierto. No había días ni noches libres. No había libertad para ninguna acción espontanea.

Ni siquiera para enamorarse y tener una familia como cualquier ser humano normal.

Él mismo lo sabía.

Vaya que sí.

- Quiero que protejas a Tom y luego ya veremos – expresó este extendiendo un sobre color café.

Asintiendo no muy convencida, Elisa tomó lo que este le entregaba y salió de la oficina de Koleman con ánimo resuelto.

Caminando un par de pasos por el corredor, abrió el sobre y hojeó brevemente su contenido.

Entre los papeles se encontraba una fotografía de aquel hombre.

- Tom… - se dijo estirando los labios contemplando su imagen – tú eres la llave de mi libertad.

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